EN DEFENSA DE LA DEMOCRACIA

Es común que en un proceso intermedio el partido en el gobierno pierda votos y
apoyo por el desgaste natural en el actuar de su administración, traduciendo eso en menos escaños legislativos y control de entidades.

Las constantes y cada vez más contundentes descalificaciones por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador hacia la autoridad electoral solo pueden augurar una cosa: desconocer los resultados de los próximos comicios si estos no le favorecen a su llamada “cuarta transformación”.

Y es que en su retórica de división y polarización en la sociedad, él mismo señaló: “están a favor o en contra”, están conmigo o contra mí; discurso ejemplar de quienes usan el populismo y la demagogia para dividir y crear enemigos imaginarios que compaginen a sus seguidores.

Es común que en un proceso intermedio el partido en el gobierno pierda votos y apoyo por el desgaste natural en el actuar de su administración, traduciendo eso en menos escaños legislativos y control de entidades.
No obstante, el presidente señalará que sus “derrotas” son orquestadas por el INE y sus actos “fraudulentos”, además de señalar a todos aquellos adversarios que buscan frenar su movimiento para que los privilegios de antes vuelvan a manos de esos pillos neoliberales.

Es una cantaleta a la que ya nos tiene (mal) acostumbrados el titular del Ejecutivo, solo que esta vez, tomará relevancia porque esos resultados marcarán el resto del sexenio Obradorista y, de entrada, promoverá una nueva reforma en materia electoral.

Sin embargo, los ataques a la autoridad encargada de organizar las elecciones a nivel federal y local son un foco de alerta, ya que deja ver el desprecio que tiene el titular del Ejecutivo hacia los organismos autónomos y la sombría intención de ser él y sus allegados quienes se encarguen de llevar a cabo los procesos comiciales.

Un real desacierto para todos los que de manera profesional ejercen su encargo en un Instituto que garantiza no solo el goce de los derechos político-electorales al emitir su voto, sino también el derecho a la identidad de la ciudadanía por medio de la credencial para votar con fotografía, a la manifestación de ideas a través de la creación (o incluso desaparición) de partidos políticos, a la expresión de una sociedad plural a través de estrategias de educación cívica, entre otros.


Desprestigiar a la autoridad electoral es desprestigiar a la ciudadanía entera, ya que son ellos quienes reciben y cuentan los votos el día de la jornada electoral, son quienes por convicción dedican un domingo a su comunidad, se involucran y capacitan dedicando tiempo al desarrollo democrático.

Hoy más que nunca se debe proteger a la democracia y a todos sus órganos representativos de señalamientos autoritarios que buscan confundir a la sociedad y modificar el tipo de régimen bajo el que estamos inmersos que se obtuvieron como resultado de años de lucha institucional.

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