Lo que antes se conocía como el “día del presidente” ha ido cambiando conforme al estilo personal de cada gobernante. En el pasado éste aparecía en cadena nacional y de acuerdo a lo que mandataba la ley, acudía al Congreso entre aplausos y felicitaciones para entregar un informe manifestando el estado general que guarda la administración pública del país.

Hoy en día, el formato de fiesta y celebración caducó. Desde la administración Foxista cuando el entonces opositor y hoy presidente de la república hizo un llamado a boicotear el evento en el Congreso e impedir el paso al discurso acostumbrado iniciaron los ajustes al día del Ejecutivo Federal.

Posteriormente, con Calderón la ley se modificó haciendo que la obligación del presidente de visitar el Congreso se excluyera y solo se entregara el informe por escrito. De tal manera, surgieron algunas variantes en el formato de rendición de cuentas para la población.

En esa línea, el pasado primero de septiembre el presidente Andrés Manuel López Obrador arropado por su séquito más cercano desde Palacio Nacional, rindió una mañanera más maquillándolo como informe de gobierno entre bulla, abrazos y fotos para el recuerdo.

Es impresionante cómo se ha distorsionado el formato de comunicación política usándolo con fines propagandísticos y no como un verdadero acto de rendición de cuentas. Tema que la 4T maneja a la perfección, sin embargo, alguien debió haberles dicho que el informe de gobierno es una demanda constitucional destinada a eso, informar, y no un show de mentiras en horario matutino de lunes a viernes.

Combate a la corrupción, austeridad republicana, reparto de la riqueza priorizando a los más pobres, disminución en la brecha de desigualdad, inflación controlada e inversiones petroleras fueron los aspectos que más presumió como “logros” a cuatro años de su administración. Suena muy bonito en su imaginación y la de su cúpula gobernante, sin embargo, la realidad social es mucho más dura.

La corrupción que tanto combate la tiene abrazándolo en su propio gabinete, la austeridad que pregona se refuta con los lujos que gozan sus hijos, la desigualdad se mantiene porque claro, primero los pobres para que sigan siendo pobres, la inflación y pérdida de valor en el peso mexicano la escuda con otros datos y las inversiones petroleras pues son un negocio redondo apostándole a refinerías inservibles.

En temas de seguridad ni se diga; este sexenio está comprometido en pasar a la historia, y claro que lo ha conseguido, teniendo las cifras más altas de muertos y desaparecidos que en los años de Peña Nieto y Calderón juntos y, sumado a eso la militarización que se va a discutir en las Cámaras solo porque siempre sí cambió de opinión con respecto a que el ejército siga en las calles y no se les regrese a los cuarteles como se prometió.

En la salud, con cifras en los primeros lugares a nivel mundial por los decesos a causa del COVID-19, sin medicamentos para pacientes con cáncer, apostándole a doctores extranjeros para pagar favores políticos y olvidando a nuestros profesionales de la salud, hospitales fantasmas que no operan, eliminando el seguro social solo por capricho y sin tener una política pública clara en materia de salubridad.

En educación, vale más la lealtad y el servilismo político que el conocimiento y la vocación de servicio para encabezar una dependencia tan lastimada como lo es la SEP y nuestra rezagada educación pública.

Es una realidad que al presidente no le importa el país, le importa el poder y su permanencia en él, ha sido un rotundo fracaso por donde se le quiera ver, excepto, electoralmente porque este presidente no ha dejado de hacer campaña y sabe que eso es lo que hace mejor.

Es inaceptable decir que estamos bien porque no es así, es un insulto para cualquier mexicano que vive día a día la realidad ¿En cuál dimensión vive el presidente? ¿Cuál México es donde él habita? ¿Qué realidad alterna es donde gobierna y todo es felicidad? Que nos dé esa ruta hacia su utopía, que nos diga para poder llegar ahí y disfrutar de un país que no esté ardiendo ni cayéndose a pedazos.

Lo único bueno de este cuarto (des) informe es que solo restan dos, y cada día que pasa es uno menos para este sexenio de incompetencia.

Víctor Manuel Cruz Martínez. Politólogo, analista político, experiencia en la rama electoral y la administración pública.

Los artículos y columnas publicadas, son responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de DOMINIO POLÍTICO.

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