mtro. Francisco Flores
El panorama cultural en Puebla ha vuelto a encender las alarmas en el sector artístico del estado. La falta de apoyo, atención y orientación pone en entredicho las políticas culturales de la última década. Desde hace ya diecisiete años, la política cultural atraviesa una crisis severa.
¿Qué ha pasado desde entonces? Caprichos gubernamentales, ocurrencias y cambios en la función de la encargada de crear, difundir y direccionar la cultura en el estado. Recordemos que el estado de Puebla fue donde nació la idea de una Secretaría de Cultura durante el gobierno de Guillermo Jiménez Morales, en el año de 1983.
Desde entonces, el objetivo era acercar la cultura no solamente a los barrios poblanos, sino también a cada rincón del estado, con el propósito de educar, preservar el arte y fortalecer la cultura de las comunidades. Un sentido que, en las últimas décadas y actualmente, se ha transformado en una política de marketing: “Vean, hacemos cualquier evento y estamos difundiendo el arte, la cultura y la lectura”.
La política cultural se centró en crear casas de cultura, bibliotecas públicas —que el morenovallismo cerró durante ocho años—, archivos históricos, museos, festivales, consejos de la crónica, orquestas, talleres culturales y artísticos, así como becas para jóvenes interesados en todo este rubro. Durante casi tres décadas existió una continuidad en la línea cultural del estado, y esto puso a Puebla en la mira como un lugar diferente de preservación y cohesión de saberes, a diferencia de las grandes urbes como Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara.
Desde 2011 ha existido una ruptura en el organismo cultural: primero, al crear un Consejo Estatal dirigido, en ese entonces, por personas consideradas por expertos en materia cultural; luego, en 2017, con su fusión a la Secretaría de Turismo; su refundación en 2018 y, en 2024, como Secretaría de Cultura y Arte. Desde 2011 hasta la actualidad han pasado cuatro secretarios de Cultura, hombres y dos mujeres, y ninguno ha logrado establecer una política cultural lineal.
Hoy en día, Puebla vive sus peores momentos. Ya pasaron 23 años y ningún festival de oferta cultural ha crecido o ha tenido la idea de acercarse a la población de los barrios, las colonias populares, las unidades habitacionales, las juntas auxiliares o los municipios. Lo cierto es que Puebla no tiene una oferta cultural consolidada y digna para los ciudadanos.
Y ni hablar de los museos. Este último punto será para la siguiente columna.